miércoles, 13 de agosto de 2014

Luz verde a Repsol para que busque petróleo en Canarias

Repsol puede comenzar a realizar sondeos exploratorios en Canarias con el objetivo de buscar hidrocarburos. El Ministerio de Industria autoriza así a la compañía a que comience las maniobras que podrán desarrollarse durante los próximos tres años. 

En cuanto a los sondeos, Industria permite que sean hasta tres las ocasiones en que Repsol realice dichos rastreos en aguas del océano Atlántico frente a las costas de las islas de Fuerteventura y Lanzarote. Eso sí, con unos gastos de 60 millones de euros en concepto de seguro civil y riesgos ambientales, que se contabilizan en 40 y 20 millones de euros, respectivamente. 


Así se declara en el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicado este miércoles 13 de agosto, en una de la Resolución de la Dirección General de Política Energética y Minas, por la que se autoriza a Repsol Investigaciones Petrolíferas SA la ejecución de “dos sondeos, más uno contingente a los resultados de los dos primeros”. La compañía deberá remitir en un plazo máximo de 6 meses a la realización de cada operación todos los informes sobre el mismo. 

Curiosamente, según el propio BOE “Sandia-1X” y “Chirimoya-1X” serán los dos primeros sondeos que se llevarán a cabo a una distancia mínima de la costa de 55,5 kilómetros la primera, 50 kilómetros la segunda, y a una profundidad de 3.170 metros y 3.000 metros, estando previsto el tercer sondeo “Zanahoria-1” también a 55,5 kilómetros de distancia de las costas, pero a una profundidad muy superior de 6.900 metros.  

Para comenzar a trabajar, Repsol también tendrá que instalar tanto en Lanzarote como en Fuerteventura un sistema de monitorización de la sismicidad, que permita captar cualquier sismo que pueda ser producido a causa de las perforaciones, que tanga un radio de referencia con respecto a la situación del epicentro a 20 kilómetros. Además, se establece que se pararán las perforaciones en el caso de que se registre sismicidad natural de magnitud superior 4,5 grados en la escala de Richter con un epicentro en un radio de 75 kilómetros, o en el que caso de que se amenace de daño a las personas, a bienes o al medioambiente. 

Queda así puesta en marcha la autorización aprobada en marzo de 2012 por el Consejo de Ministros para que Repsol comience unas prospecciones que han sido llevadas hasta el Tribunal Supremo por diferentes organizaciones ecologistas, y fuertemente rechazadas por el Gobierno canario, y por los cabildos de Lanzarote y Fuerteventura.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Boicot en Atocha a la marca cosmética Premier fabricada en territorios palestinos ocupados


Nos enterábamos a través de Twitter hace tan sólo unos minutos. Los activistas del grupo local de Madrid BDS que apoya la campaña internacional palestina de Boicot, Desinversiones y Sanciones contra el Estado sionista ha actuado esta misma tarde en la estación de Atocha de Madrid contra una tienda de la marca cosmética Premier, producida en territorios palestinos ocupados. 



Los productos cosméticos de esta marca se comercializan, según aseguran BDS “en puestos situados en las estaciones de Atocha en Madrid y Sants en Barcelona, cuya gestión es responsabilidad de la empresa ADIF (Administrador de Infraestructuras Ferroviarias)”. 

Con carteles con mensajes como “Tan sólo otra palestina más asesinada” o “¿Vas a comprar genocidio?” una decena de activistas se han manifestado con el apoyo de los transeúntes al grito de “Boicot Israel”, según afirman en su cuenta de Twitter.

69 años después del lanzamiento de la bomba atómica de Hiroshima siguen muriendo japoneses

Hoy se ha conmemorado en la ciudad japonesa de Hiroshima el 69º aniversario del lanzamiento por parte de Estados Unidos de la bomba nuclear más mortífera y letal de la historia de la Humanidad. 

Con un minuto de silencio, más de 45.000 japoneses han querido rendir homenaje bajo la lluvia a las 292.325 personas que fueron aniquiladas por “Little Boy”, la bomba atómica lanzada el 6 de agosto de 1945 sobre Hiroshima, y que ponía fin, junto a la segunda detonación de la bomba “Fat Man” el 9 de agosto sobre Nagasaki, a la II Guerra Mundial. 

 292.325 inocentes que no sólo murieron en el momento de la deflagración. 69 años después, los hibakusha, como son conocidos en Japón los supervivientes de aquel ataque nuclear, han seguido luchando contra unas secuelas físicas incontrolables, que tan sólo el año pasado acabaron con la vida de otros 5.507. Durante la ceremonia, el alcalde de la ciudad, Kazumi Matsui, ha pedido a todos los dirigentes mundiales que se produzca un desarme total de los países que posean armamento nuclear. 

A las 8:15 hora local, y coincidiendo con la hora exacta del lanzamiento de la bomba por parte de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos, Hisorshima guardaba un minuto de silencio en el Parque de la Paz, muy cerca del lugar central de la explosión. Un listado con los nombres de las 292.325 víctimas ubicado en el interior de un monumento en el parque, también ha formado parte de una mañana marcada por las lágrimas y el dolor. 

Sólo en el mes de marzo del año pasado se contabilizaron 192.719 afectados por la bomba atómica en todo el país. 9.060 murieron. 

Tal como reza la declaración de paz leída hoy por el alcalde Matsui, “para no olvidar el sacrificio y evitar que se repita la tragedia, por favor, escuchen las voces de los supervivientes”. ¿O es que no hemos aprendido nada?

Artículo publicado en Córdoba Internacional TV

miércoles, 30 de julio de 2014

Familias palestinas en España: “Gaza está muerta en vida"

La incertidumbre en los últimos días está siendo demasiado fuerte. Hadil Almajdalawi no se separa de su teléfono móvil, necesita saber en todo momento lo que está ocurriendo en la Franja de Gaza. Sus padres y sus dos hermanos están allí. “Sólo tienen luz dos o tres horas al día, lo justo para cargar los móviles y poder hablar unos minutos. Me preguntan dónde ha sido el último ataque o cuántos muertos hay. No saben lo que está ocurriendo a su alrededor, sin electricidad están incomunicados.”

Hadil Almajdalawi durante la entrevista en la 
sede de la APAEE. Foto: Javier Imedio
Hadil tiene 30 años y es de Palestina. Llegó a España como refugiada hace 5 años junto a su marido, también palestino. Tuvo aquí a su hija, que ahora dibuja en un papel ajena a lo que nosotras estamos hablando, aunque su madre me cuenta que le pregunta con frecuencia “¿por qué los malos molestan a los abuelos?”.

Cada dos años Hadil viaja a la Franja, aunque asegura que sólo preparar el viaje ya es sufrimiento asegurado. “Tienes que pedir permiso con muchos meses de antelación, y aún así la entrada puede no producirse. A veces das con alguien conocido que te ayuda y te da el permiso, y otras veces no”. Pero el verdadero peligro, afirma, comienza cuando estás dentro. “En el momento en el que cruzas la frontera ya no sabes cuándo saldrás. Porque si de repente estalla de nuevo un conflicto, cierran la Franja y te quedas dentro”.

Charlamos en el despacho en Madrid de la Asociación de Periodistas y Escritores Árabes de España (APAEE) que ha organizado el encuentro. Me sorprende la serenidad con la que habla de su dolor y del de los suyos, aunque sus intensos ojos negros digan todo lo contrario. “Yo he vivido situaciones horribles. En mi casa, dormíamos en la cocina porque era el sitio más seguro. Todas las noches abríamos las ventanas para que no nos cayeran los cristales encima si había bombardeos. Una noche, comenzamos a oír las voces de una vecina que había visto a un chico muerto que llevaba una camiseta como la de su hijo. Creía que era él. Nunca lo olvidaré”.

Una familia dividida en dos

Su familia vive en la costa y está dividida en dos. Es cuestión de supervivencia. “Mis padres viven en una casa con los hermanos de mi madre, y mis hermanos en otra con primos y otros familiares. Tienen que estar divididos, porque si bombardean y destrozan sus casas, necesitan tener otro lugar al que poder ir. Nunca imaginé que estaría hablando de algo así.”

Se me ocurre preguntarle sobre qué supone ser palestino en Israel, pero rápido me corta sin dejarme terminar la frase. “Israel, no. Para nosotros Israel no existe. Los palestinos llevamos sufriendo casi 70 años de ocupación. Mucha gente llora el holocausto nazi, pero esas mismas lágrimas se secan cuándo hay que hablar de los muertos palestinos. Eso es lo que da rabia”. 

Aysha Saleh en la sede de la APAEE en Madrid. 
Foto: Javier Imedio
Estoy tan metida en la conversación con Hadil que sólo me doy cuenta de que estamos acompañadas cuándo hablamos del número de muertos en las últimas horas, y una voz discreta me corrige: “no, ya hay muchos más”.

Aysha Saleh, un ama de casa, también se ha ofrecido a hablar con los periodistas. Es su manera de ayudar a que se sepa lo que está ocurriendo en Gaza. Sobre sus hombros, lleva un pañuelo en apoyo a su país. “Es un crimen, una masacre, un genocidio”. Acabamos de comenzar la entrevista, pero tenemos que parar unos segundos. Su voz entrecortada no aguanta más, y sus ojos se llenan de lágrimas. “Es una tragedia. Quieren matar a todos, da igual que sean niños o mujeres. Están matando a la gente lentamente. Gaza está muerta en vida”.

Aysha lleva 32 años en España. Vino con su marido, actualmente profesor en la Universidad Autónoma de Madrid, y aquí tuvo a sus cinco hijos. Es la única de su familia que consiguió salir de Gaza. La última vez que abrazó a los suyos fue en 2008, cuando pudo entrar en la Franja para visitar a su padre que estaba a punto de morir. Fue durante la operación “Plomo Fundido”, la ofensiva israelí de 2008 que duró 25 días y dejó a su paso más de 1.300 muertos. Su madre falleció al poco tiempo también. Ahora, Aysha se lamenta. “Mis padres murieron pensando que algún día iban a volver a sus casas, a las que les habían robado”.

A medida que la conversación avanza, el dolor da paso a la rabia. Aysha cuenta que su primo murió hace unos días en un bombardeo cuándo estaba en su casa. Afirma que el ejército israelí envía mensajes de texto a los palestinos minutos antes de atacarles para que salgan de sus hogares. “Ayer mi hermana recibió un mensaje en el que avisaban de que tenían que salir todos de la ciudad de Jan Yunis en tan sólo tres minutos. ¿Y a dónde van? Es que hasta en el camino les matan”. Con las manos entrelazadas sobre la mesa, Aysha no se explica cómo aún la gente sobrevive en el infierno que es Gaza. “No hay agua, ni luz, ni siquiera ganado. La familia de la mujer de mi hermano está con ellos porque han bombardeado su casa. Se están cobijando en una vivienda que tiene el techo de paja”.

 Una cárcel al aire libre

40 kilómetros de largo por 15 de ancho, y 1,7 millones de personas que viven entre los dominios de Egipto e Israel. Eso es la Franja de Gaza. Cualquiera con estos datos querría huir de allí, salir sin mirar atrás. Cualquiera menos ellos, los palestinos. “Yo no quiero traer aquí a mi familia. A mí lo que me gustaría es volver a Palestina con mi hija, a nuestro país. Ni Israel ni nadie puede sacarnos de allí”, asegura Hadil. Aysha es igual de tajante. “Ojalá pudiera entrar ahora con la guerra y pudiera vivir todo con ellos. No me importa no saber si saldré de allí. Lo que les pasa a ellos me pasa a mí”.

Les pregunto si en la Franja de Gaza se pueden hacer planes de futuro. Si los jóvenes pueden pensar en tener un trabajo o una familia. En definitiva, si sueñan con una vida. Y ambas lo tienen claro. “Los palestinos estudian mucho para conseguir becas que les permitan salir al extranjero a formarse. Y claro que pueden hacer planes, pero luego te enteras de que, por ejemplo, dos de los estudiantes que habían conseguido esa beca ahora están muertos” cuenta Hadil. “A los palestinos nos encanta vivir. Recuerdo que cuando no había luz durante horas, mi madre y yo llamábamos a unas amigas, y hacíamos una pequeña fiesta con la luz de las velas, para animarnos. Nos encanta la vida, pero no nos dan la oportunidad de vivirla”.

Me impacta el coraje de estas dos mujeres que sufren con cada palabra, pese a estar a más de 3.600 kilómetros de distancia. “No puedo ir a Ramallah, no puedo ir a Jerusalén. Y todo porque en mi pasaporte pone que he nacido en Rafah, que soy de Gaza. Por eso no puedo entrar” denuncia Aysha como si alguien fuera a darle una explicación. En el caso inverso, para salir, la cosa tampoco es fácil. “La gente ahora querrá salir y no puede. Está todo cerrado. Después de las fronteras, sólo les queda el mar, pero tampoco pueden salir nadando y, aunque quisieran, a los palestinos sólo les corresponden 10 kilómetros de extensión. No hay manera de huir”.

Ciudadanos de ningún país

El 70 por ciento de los más de millón y medio de palestinos que viven en Gaza son refugiados. Personas que nacieron en un país llamado Palestina, pero que, a efectos legales, no existe. Me llama la atención lo que me cuenta Hadil sobre ese sentimiento de pertenencia único de unos ciudadanos, que pese a convertirse en apátridas, en ciudadanos de ningún país, siempre serán de una nación llamada Palestina. “Tú siempre que hables con un palestino, te dirá: ‘soy de Londres, pero de origen palestino, o soy francés de origen palestino”.

Mientras el mundo condena las muertes en masa que se siguen produciendo a diario en la Franja de Gaza, en Madrid, Aysha sólo pide que no se cumpla ni un año más de exilio para los palestinos. “Lo que tienen que hacer es dejarnos volver a nuestras tierras. ¿Dónde están los organismos internacionales? ¿Por qué no lo juzgan? Nos merecemos una vida y dejar de sufrir”.



viernes, 25 de julio de 2014

El ataque a un colegio de la ONU deja 17 palestinos muertos y más de 200 heridos

Mujer llora la muerte de sus familiares en la Franja de Gaza.
Foto: UNRWA España
En Gaza ya no hay lugar seguro para los civiles. Ayer, un colegio de la ONU en Beit Hanúnm, al norte de la Franja, fue atacado dejando 17 muertos y más de 200 heridos.
Las imágenes que llegan desde Gaza superan lo inhumano. Mujeres y niños desconsolados, aterrados, heridos en el cuerpo y en el alma. El dolor se puede ver en sus ojos, y en los gritos pidiendo auxilio ante un EXTERMINO, con mayúsculas, que otros llaman guerra.
El ejército de ocupación habla de un cohete lanzado por Hamás, y asegura que en el caso de que hubiera sido un ataque suyo, se habría producido por error. Un “error” que como explica la enviada especial de TVE a la Franja, Yolanda Álvarez, ha dejado “terribles escenas de dolor”, lo que ha provocado que “cientos de mujeres y niños hayan escapado hasta un hospital cercano”. Tal vez porque ya piensan que ninguno de los 100 colegios habilitados por la UNRWA es seguro.
Ayer fue uno de los días más duros y sangrientos para Gaza y los palestinos. Más de 90 muertos en 24 horas. Alrededor de 800 palestinos asesinados desde el 8 de julio. ¿Guerra? No. Genocidio.