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viernes, 14 de noviembre de 2014

Jóvenes musulmanas españolas: “La islamofobia se define como un sentimiento de odio y de miedo”

Un grupo de locos que degüella a personas en nombre del islam, el eterno conflicto palestino-israelí o los ataques de un indiscriminado Bashar al-Asad sobre su pueblo, han hecho de la islamofobia un término cotidiano, pero también un sentimiento que resurge de sus cenizas, y que se asienta en los clichés más tradicionales de discriminación, opresión y terrorismo. Una situación que ha hecho que en las últimas semanas, musulmanes de todo el mundo hayan salido al paso con una campaña con la que bajo el lema “No en mi nombre” (“Not in my name”, en su mensaje original en inglés) han querido desbancarse de los continuos atentados del Estado Islámico en nombre del islam. Con todo esto, la palabra islamofobia podría traducirse como el rechazo o la hostilidad hacia el islam y los musulmanes. Un término que, por cierto, y pese a todo, aún no ha sido recogido en la recién estrenada vigésima tercera edición del Diccionario de la Real Academia Española. 

Tal vez esté equivocada, o tal vez no, pero presiento que a ese sentimiento de rechazo le hacen frente con más frecuencia las mujeres que los hombres, por la cuestión del hiyab y la visibilidad que tiene a la hora de identificarlas con su religión. Por eso llamo a la puerta de la Asociación de Chicas Musulmanas de España (Achime). En el centro de Madrid, y a pocos metros del Centro Cultural Islámico de la capital de España, me reciben chicas de entre 16 y 30 años en el local en el que realizan la mayor parte de sus actividades semanales, y en el que esa misma tarde hablarán de islamofobia. Casualidades de la vida. Todas llevan hiyab, y visten el mismo tipo de ropa que pueda llevar yo hoy: zapatillas, vaqueros y camiseta. Alrededor de una mesa llena de cuadernos y de bolígrafos, lanzo la primera pregunta: ¿la islamofobia es sólo desconocimiento, o hay algo más?

 
“La gente no se para a pensar”
“Yo creo que la islamofobia se define como un sentimiento de odio, de rechazo, pero también de miedo. La persona que lo siente, es porque cree que el islam pone en peligro sus valores, su modo de vida. Ese es el proceso mental que quiero creer que se produce”, asegura Naima, la veterana del grupo, y una de las fundadoras de la asociación.  Sara, estudiante universitaria, nos pone un ejemplo práctico desde el otro lado de la mesa. “Hace dos años, la revista 'National Geographic' dedicó un número especial al islam. Pues ocho artículos de diez eran sobre la mujer musulmana, sobre cómo El Corán hablaba del uso del burka y del matrimonio obligado. Los otros dos iban sobre la yihad. Obviamente, ya me dirás tú la información que hay”. 

Dina es estudiante de medicina. Mientras las demás opinan, ella escucha, y de vez en cuando niega con la cabeza. Cree que la decisión de ser contrario al islam, o no, es sólo responsabilidad de la persona en cuestión, y que poco más se puede hacer. “La gente no se para a pensar, muchas veces sólo creen lo que dicen los medios de comunicación y ya está”. No dudo en preguntar si, entonces, los musulmanes deben seguir justificándose bajo la campaña “No en mi nombre”, a raíz de la que, por cierto,  ha nacido otra, “Muslim apologies” (Disculpas de los musulmanes) que, de manera sarcástica, hace un llamamiento a los musulmanes del mundo para que dejen de pedir perdón por todo. Salta la chispa. “Yo creo que es algo que hay que hacer, pero también considero que es un error que sea el 80 por ciento de nuestros esfuerzos”, explica Sara. “Ahora la información está en Internet, en las redes sociales, donde este tipo de campañas tienen una visibilidad tremenda, y donde ser “trending topic” es todo un éxito. Es más de lo que podrían hacer un millón de folletos repartidos por la calle”, afirma. Mientras Sara habla, Naima, parece no estar de acuerdo. “No es que haya que seguir o no la campaña, es que es lo único que se puede hacer, porque no puedes ir persona por persona explicando que tú no vas cortando cabezas como el Estado Islámico. A mí me fastidia, y cada vez más, el “No en mi nombre” porque si tú, como no musulmana, no tienes que decir “No en mi nombre” porque personas maten a personas, ¿por qué tengo yo que decirlo porque personas que no conozco de nada estén matando a otras personas?”. La pregunta de Naima queda en el aire, sin respuesta, en un momento en el que se palpa la indignación, y en el que aprovecho para preguntar por otra cuestión: “¿Qué opináis de las últimas representaciones de los musulmanes en televisión?”. Todas ya saben a qué me refiero.
 
‘El Príncipe’ y los estereotipos del islam
La serie ‘El Príncipe’, ambientada en el barrio marginal ceutí que da nombre a la cinta, y la aparición de Shaima, la primera concursante musulmana de Gran Hermano, parece que ha rematado la imagen ya inmutable de los musulmanes en España. El ambiente se caldea y Dina vuelve a tomar la palabra. “La serie es que cumple con todos los requisitos: mujer reprimida y hermano terrorista”, asegura en tono irónico, mientras todas nos echamos a reír. “En Estados Unidos se hizo un 'reality' de musulmanes, vamos a decir normales, que no eran ni terroristas, ni cosas raras. Bueno, pues se retiró a causa de las protestas de los espectadores que acusaban al programa de no representar la realidad de los musulmanes”, explica rotunda. Y es que, es curioso como en el cine, la mujer musulmana es representada normalmente como una persona reprimida, controlada por los hombres de su familia, incapaz de formarse, ni de tener una vida propia. “En todas las películas en las que aparece una mujer musulmana, el final termina con ella quitándose el hiyab, ¡y siendo por fin liberada!”, apunta Sara, mientras todas asienten. “Y con el tema de Gran Hermano es un poco lo mismo. Una chica que no es muy practicante, con una historia familiar difícil y, justamente, del barrio de El Príncipe. Pues lo que piensas es que te toca volver a empezar, volver a explicar que el islam no es eso”, se lamenta Sara mientras noto que Marian, a mi lado, se remueve en su silla. Es una de las más jóvenes del grupo, pero, a sus 18 años, ya le ha tocado vivir lo que es tener que enfrentarse a los clichés que arrastra su religión. “En mi instituto, hemos leído varios libros y todos son historias de una pobre chica musulmana que se ha casado por obligación, y que al final se libera, se quita el hiyab y es feliz”. Estoy a punto de preguntarle si eso le repercute en su relación con sus compañeros, pero contesta antes de que pueda decirle nada. “Entonces, claro, cuando tu vas al instituto, el primer día no te lo preguntan, el segundo tampoco, pero el tercero se acercan y te dicen: “¿Tú llevas el pañuelo porque quieres?” Y aunque explicas que es una decisión propia, siempre piensan: “Pobrecita, no lo quiere decir”.
 
El hiyab, ¿símbolo del rechazo?
Llevamos casi una hora hablando, y esto en vez de una entrevista se ha convertido en una charla de mujeres que, si pudieran, arreglarían el mundo de un plumazo. Me atrevo a preguntar por qué provoca tanto rechazo el hiyab. Dina lo tiene claro: “Yo creo que eso pasa porque cuando la gente ve a una mujer musulmana, ve a las mujeres de Afganistán o de Arabia Saudí. El estereotipo del hiyab se ha creado porque la gente se empeña en que sea así”. Sara nos vuelve a dar un ejemplo de su día a día. “Una vez íbamos todas las chicas de Achime en bicicleta por Madrid, y yo llevaba una camiseta que ponía “I love Achime”. Al pasar junto a dos amigas, una le dice a la otra: “Mira lo que lleva escrito, ‘I love Islam’”. Entre carcajadas, Sara da con la respuesta: “Claro, vio una “I” y una “A”, ¡y salió islam!”. Estas jóvenes forman parte de una nueva generación de musulmanes que, a diferencia de sus padres, no han tenido que llegar a un país para sobrevivir. Muchas de ellas han nacido en España, son españolas, con sus derechos y sus obligaciones, y entre los que tienen muy claro está la lucha contra la islamofobia. Me quedo con la duda de si ese trabajo contra un sentimiento racista y xenófobo es posible. Naima no lo duda. “En Achime llevamos sólo dos años, pero notas que en cuanto la gente te conoce, ve cómo eres, cambia el chip y su visión de ti como musulmana es otra. Se nota en cuanto reservas una actividad de esquí de 2.500 euros, no tienen ni tu nombre, y te dicen que ya se lo pagarás. España tiene un ordenamiento jurídico que favorece la integración. Estamos en el principio de un proceso, y depende de lo que hagamos ahora, se iniciará el camino o volveremos para atrás”

sábado, 19 de julio de 2014

Una inmigrante marroquí con un posible cáncer de mama no recibe asistencia sanitaria gratuita

“Si no tienes papeles, no podrán hacerte las pruebas”. Así de tajante fue la respuesta del personal sanitario del hospital público Gregorio Marañón de Madrid cuando Rabab Badri, una mujer de origen marroquí de 24 años, acudió de urgencia el pasado 1 de abril al encontrarse un bulto en su pecho izquierdo.

Tras ser atendida, los facultativos dieron con un segundo bulto, por lo que le recomendaron acudir al ginecólogo lo antes posible para descartar un posible cáncer de mama con las pruebas de diagnóstico que se realizan en estos casos. Tras muchas visitas a diferentes centros de salud y hospitales, Rabab ha conseguido una cita para el próximo mes de septiembre, pero no tiene papeles, por lo que, según el Real Decreto 16/2012, ser atendida por el especialista le supondrá hacer frente al pago de una factura imposible para ella. Una revisión que puede salvarle la vida, pero que sabe que la Comunidad de Madrid le facturará euro a euro. Sola, con tres niños menores a su cargo, y en paro, sufre una situación económica más que precaria. Como en el caso de otras muchas mujeres, Rabab se percató de que tenía un nódulo extraño en una de las mamas por casualidad, dando el pecho a su hijo pequeño.

“Acudí inmediatamente al hospital. Estaba muy asustada, y tras una exploración superficial, me confirmaron que no sólo tenía uno, sino dos bultos, y que podría tratarse de un tumor”. Un examen que quedó plasmado en un informe médico en el que se solicita que Rabab sea atendida en el área de ginecología, y en el que “se recomienda estudio de imagen para valoración”. 

Desde los seis años en España

La joven llegó a España cuando tenía seis años. Hasta la mayoría de edad estuvo bajo la tutela de un familiar, pero poco después perdió el permiso de residencia, y para conseguirlo de nuevo “o te casas o tienes un trabajo. Y ni una cosa, ni la otra”.

Saca adelante a sus tres hijos pequeños, el mayor de 6 años, como puede. Los únicos ingresos que ha tenido en los últimos meses han sido trabajando en la limpieza, por horas, y con un sueldo en negro. De la ropa, la comida o el dinero para medicinas se encarga su prima, su única familia. Una situación a la que, ahora, se añade la preocupación de poder estar enferma y, además, no poder pagar los costes de una asistencia que le puede salvar la vida.

Mientras charlamos junto a la estación de tren del madrileño barrio de Entrevías, Rabab no quita ojo a sus dos hijos pequeños que no paran de corretear. “En estos tres meses uno de los bultos ha crecido y me molesta más de la cuenta. Ellos no saben nada de lo que me pasa, y si finalmente me confirman que tengo algo malo, mi único miedo es cómo estarán ellos”.

El tiempo corre en su contra

Volver a su Marruecos natal para tratarse tampoco es una opción. “Salí de allí cuando era muy pequeña. No conozco a nadie, y ni siquiera sabría cómo desenvolverme”. Viajar a Arabia Saudí, donde vive su madre, tampoco es la solución. “Con mi madre no tengo relación. Supe de su paradero hace sólo algunos años. Se ha enterado de lo que me pasa y me ha ofrecido ir para allá. El problema es que viajar con los niños es complicado por el papeleo que hay que hacer para permanecer en el país, y sin ellos no me voy”.

Pero Rabab no está sola. Desde la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH) y la plataforma Yo Sí Sanidad Universal están apoyando a esta joven para que no tenga que pagar por ser atendida. Sheila Gazuami, miembro de la AMDH, asegura que pese a haber conseguido cita en septiembre saben que “la factura la recibirá, como ha recibido una hace unos días. La Comunidad de Madrid le cobra 180 euros por una consulta de urgencia a causa de una dolencia en el cuello”.  Así que, por el momento, la solución de Rabab pasa por acudir al especialista y esperar que la factura nunca llegue, o concertar un sistema de convenio regulado por el Ministerio de Sanidad para extranjeros en situación irregular. Esto supondría firmar un seguro con un coste de 60 euros al mes, y que supondría la gratuidad, por el momento, de las pruebas de diagnóstico. Y es que, lo que le pasa a Rabab no es algo aislado. “En la asociación tenemos muchos casos de personas que enferman, y que si no les acompañamos no les atienden” asegura Sheila. 

¿Una exclusión con irregularidades?

Desde que se aprobara en el año 2012 el del Real Decreto 16/2012 del Gobierno del Partido Popular, quedan excluidos del sistema sanitario español aquellos “extranjeros no registrados ni autorizados como residentes en España”, aunque en el caso de las urgencias se deben atender cuestiones de “enfermedad grave o accidente” quedando garantizada la asistencia “al embarazo, parto y postparto” y a los “extranjeros menores de 18 años”.

Sin embargo, dos años después, parece que los centros de salud no conocen la reforma sanitaria. Desde la plataforma a favor de la sanidad pública Yo Sí Sanidad Universal, denuncian que se están cometiendo “irregularidades en la atención sanitaria a inmigrantes sin permiso de residencia” de Madrid al no respetarse la atención gratuita en los casos de menores de edad, embarazos y casos de urgencia. Algo que desde la Comunidad de Madrid niegan rotundamente.  

A la espera de que llegue el mes de septiembre y las pruebas determinen si Rabab sufre o no un cáncer de mama, esta joven de 24 años sólo pide que se recuerde que “somos personas, y que esto le puede pasar a cualquiera”. 



lunes, 28 de abril de 2014

Abre en Madrid el primer centro de belleza dirigido exclusivamente a las mujeres musulmanas

Hace sólo un mes que ha abierto el primer centro de belleza en Madrid dirigido a mujeres musulmanas, y ya es todo un éxito. Su creadora, Yasmin Salem, no lo dudó ni un momento cuando se dio cuenta de que las musulmanas necesitaban un espacio propio en el que poder ponerse guapas sin tener que esconderse de miradas indiscretas. Por eso abrió Masturah, situado muy cerca del Centro Cultural Islámico de Madrid. Con ella hemos hablado de este proyecto que ya, a primera vista, promete.

¿Cómo nace la idea de abrir un salón de belleza como “Masturah”?

No sé cómo explicártelo sin que parezca fruto de una locura (risas). Me levanté de golpe un día de madrugada, y me dije: “¡una peluquería para musulmanas!”Intenté dormirme de nuevo, pensando que lo que tenía que hacer era centrarme en otras cosas. Pero nada. A la mañana siguiente seguía con la idea en la cabeza. Ya hace años, mi hermano me habló de abrir una peluquería para musulmanas. Al principio me parecía imposible, pero cuanto más me negaba, más las ventajas. Sobre todo si tenía en cuenta a todas esas chicas musulmanas orgullosas de su velo y de su cuidado personal, que merecían tener un espacio dedicado sólo para ellas. Para mí este negocio no ha sido un sueño, sino toda una revelación. Debía hacerlo, y punto. Pero, en realidad, todo el camino que ha llevado a su creación,ha sido facilitado gracias a Allah.



Y, ¿por qué el nombre de “Masturah”?

Bueno, masturah significa algo así como “recatada”. Buscaba algo que transmitiera modernidad y creatividad. Así que se me ocurrió que “masturah” era lo que yo buscaba, y que ese toque juvenil lo podía encontrar escribiendo la palabra con el signo “+” (+Turah). El resultado: un nombre fácil, serio, y que con tan sólo pronunciarlo queda claro a quién va dirigido. En cuanto al logotipo, también está pensado para identificar el género del cuidado y la belleza, ya que hemos utilizado las púas de un peine. De todas las palabras que existen, Allah me guió para que, sin dudarlo, surgiera este divertido nombre al que todo el mundo ha acogido con tanto cariño.

Nada más entrar lo que más llama la atención es el color verde que predomina la estancia, ¿lo elegiste por algo en especial?

Por su frescura, que se ha hecho respetar pese a la mezcla con el gris antracita del resto del mobiliario. La verdad que de todos los catálogos de decoración para salones de belleza que vi, esta elección me pareció la más juvenil, divertida y elegante.




¿Necesitaban las musulmanas un centro de belleza como Masturah en Madrid? Porque, creo, que sois las primeras.

Efectivamente. Somos la primera peluquería dedicada expresamente a mujeres musulmanas de cualquier nacionalidad. Y estoy segura de que lo necesitábamos, por lo mucho que nos cuidamos y, al mismo tiempo, por que cumplimos con nuestra forma de vida.

¿Cómo está pensada la distribución del espacio para que la mujer musulmana pueda venir a ponerse guapa sin mayor preocupación?

En principio tenemos especial cuidado de que se sientan cómodas en cualquier rincón del
centro de belleza, sin tener que preocuparse de que se descubra ante esas personas de las que deben cubrirse. Por eso, hemos cuidado que los escaparates sean opacos y que no se transparenten. La puerta también está protegida por una cortina, para que no se cuele  ninguna mirada. Además de todo esto, y sobre todo en invierno que el horario de rezos es más corto, nuestras clientas también tienen su espacio para extender la alfombra y rezar sin tener que dar explicaciones a nadie. Lo mismo que cuando se pongan el pañuelo después de una sesión de belleza. Nadie la mirará con pena, ni le dirá la típica frase de “con todo el trabajo y lo guapa que has quedado, ¿no me dirás que vas a ponerte el pañuelo?” Así que comodidad en todos los sentidos.

¿Qué servicios ofrecéis?

Pues ofrecemos multitud de tratamientos y asesoramiento para el cabello. Tenemos una gran gama de color de tintes y mechas, tanto en colores clásicos como más atrevidos. También hacemos todo tipo de peinados, tocados para fiesta y tratamientos especiales de keratina, alisado definitivo, manicura, pedicura…¡y mucho más!


Además de todo eso, creo que estáis preparando un apartado de estética, ¿verdad?

Sí. Efectivamente, vamos pasito a pasito también con otro espacio, el de estética. Hemos empezado con la depilación a hilo, una técnica milenaria que se ha puesto ahora de moda en España desde hace un par de años. Y bueno, estamos preparando nuevos servicios de los que aún no podemos desvelar mucho, pero de los que os tendremos informadas en nuestras página de Facebook Masturah, y también a través de nuestro twitter @masturahzone.

Y de precio… ¿cómo lo tenéis?

Yo creo que es bastante asequible y competitivo. Por un lado, hay un precio especial para lavar y cortar a niñas hasta 7 años por 5 euros, y para nuestras adolescentes  hasta 17 años por 7,50 euros. A partir de esa edad, el precio de lavado y corte sería 8,50 euros. Para el resto de tratamientos,el precio lo marca la cantidad de cabello a tratar y la cantidad de producto que se aplica. Eso sí, tengo que decir que todos nuestros productos son de gama alta y que no dañan el cabello por su alto contenido en keratina y productos naturales.

Sé que acabáis de empezar, y por lo que vemos se os augura un éxito rotundo. Por eso te tengo que preguntar, ¿os planteáis diversificar el negocio?

Masturah es un proyecto muy grande y, como tal, seguirá creciendo sin duda con muchos retos que se adaptarán a las necesidades de nuestras clientas, y de sus peticiones. No descarto nada en este proyecto, que intentamos sea cercano, a la vez que exigente, y muy volcado en las demandas que recibimos.

Se dice que las mujeres musulmanas son especialmente coquetas, ¿es así?
Sí, mucho la verdad (risas). No sé si es porque lo llevan en la sangre o por lo mucho que se relacionan entre ellas con sus visitas, reuniones, fiestas y bodas, pero siempre van a la última.

¿El centro de belleza está dirigido sólo a mujeres musulmanas?

Aunque esta peluquería está creada para la mujer musulmana con o sin velo, también tenemos muchas clientas no musulmanas que encuentran muy cómodo nuestro espacio y que les encanta reunirse con nosotras,¡quizás para conocernos mejor! Me encanta la mezcla de culturas que ha surgido con este negocio, y lo enriquecedor que está siendo tanto para la peluquería, como para nosotras.

Como emprendedora, ¿animarías a otras mujeres a lanzar su propio negocio en estos tiempos de crisis?

Siempre que sea con cautela, y que su bolsillo se lo permita. Pero sí que lo recomiendo, y por supuesto que las animaría a ello, sobre todo si la idea es innovadora y puede ponerlo en marcha sin tener que depender de préstamos bancarios para ello. Si le echa para atrás el tema económico, yo recomendaría mucha prudencia, porque realmente no hay ayudas de ningún tipo. Por mi experiencia, cuando una quiere crear un negocio,  es cuando aprovechan muchos “buitres”para beneficiarse a costa de los emprendedores.

Y por último, lo más importante: ¿qué horarios tenéis y cómo se puede pedir cita?

Pues por ahora nuestro horario es de lunes a viernes de 10 a 19 horas ininterrumpidamente, y los sábados de 10 a 14 horas. Aunque este horario es algo eventual, porque nuestra intención es abrir todos los días. En breve pondremos en marcha una gran idea que hará más fácil y cómodo que nuestras clientas puedan desplazarse a nuestro salón. No puedo decir mucho más. Sólo que estéis atentas a nuestra página web  www.peluqueriamasturah.com. Y para pedir citar es muy fácil. Se puede hacer a través de nuestra página de FacebookMasturah, del correo electrónico escribiendo a amasturah_muslimsalon@hotmail.com, o directamente por teléfono llamando o enviándonos un mensaje de Whatsapp al 692020239. ¡Os esperamos a todas!