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miércoles, 22 de julio de 2015

Isabel Pérez: “Nos hemos hundido en el vacío de la Franja. Es un genocidio a cámara lenta”

Isabel Pérez es una de esas periodistas que cuando te mira, impacta. Afincada en la Franja de Gaza desde 2013, su compromiso con el pueblo palestino, no sólo como periodista sino también como persona, hace que aproveche sus días libres en Madrid para revindicar, una vez más, la injusticia del bloqueo insufrible que padece una parte del mundo y que, a veces, parece que poco importa. Pese al calor sofocante de las siete de la tarde, Pérez nos recibe con la mejor de sus sonrisas en la terraza de Ecoo, el centro que acoge la mesa redonda organizada por Palestina Digital “Gaza, vida y muerte y su repercusión en los medios”, y en la que participa junto a los también periodistas Musaa’ab Bashir, Yolanda Álvarez y Teresa Aranguren. Toca hablar del periodismo de guerra, ese género único que une vocación y humanidad.


Isabel Pérez, periodista freelance en la Franja de Gaza,
durante la entrevista. Foto: Javier Imedio

Pregunta: Parece mentira, pero lo más destacado en los últimos días sobre la situación de Gaza, han sido las palabras de Angela Merkel que provocaron el llanto desconsolado de una niña refugiada palestina. La noticia en los medios se ha quedado, una vez más, en la anécdota, lejos de hablar de la realidad de la Franja y de sus consecuencias. ¿Estamos haciendo los periodistas bien nuestro trabajo?

Respuesta: Es uno de los errores que cometemos los medios y algunos periodistas. A veces estamos obligados a descontextualizar, pero es muy necesario seguir explicando, aunque sea con anécdotas y con algo más de información, el conflicto árabe-palestino o palestino-israelí, según lo quieras ver. Los medios de comunicación podríamos hacer mucho más para explicar al mundo este conflicto, uno de los más enquistados, y un error que cometió en su día la comunidad internacional. Tendríamos que evitar poner parches como se está haciendo hasta ahora y buscar una solución política. Esto no es sólo una crisis humanitaria, es una causa política, y es como deberíamos enfocarlo desde los medios.

P: ¿Cómo consigue un periodista freelance vender a los medios de comunicación el día a día de la Franja de Gaza?

R: El día a día es muy complicado. Lo que ocurre en la Franja de Gaza tras más de ocho años de bloqueo israelí es el resultado de la acumulación de crisis socioeconómicas.  Hablamos de 66 años de ocupación. Nos hemos hundido en el vacío de la Franja desde hace ocho años, cuando Hamas llegó al poder e Israel decidió imponer este bloqueo inhumano, este castigo colectivo. Es un genocidio a cámara lenta. Vender a un medio de comunicación lo que ocurre cada día es difícil, porque son ciclos que se repiten. Por ejemplo, tener una crisis de combustible a nivel mediático no vende. Eso hace que los periodistas tengamos que ser muy originales para meter dos líneas sobre “de nuevo hay una crisis de combustible”. Pero hay bastante trucos que los periodistas que estamos dentro sabemos utilizar. Por ejemplo, esas faltas de carburante pueden afectar a los vehículos: no hay taxis y la gente no puede ir a trabajar. O podemos venderlo sobre cómo salen de las alcantarillas las aguas residuales porque el Ayuntamiento no tiene combustible para bombear. Hay que buscar la manera de dar la otra visión, pero al final es lo mismo, son ocho años de la misma crisis.

Isabel Pérez, periodista freelance en la Franja de Gaza,
durante la entrevista. Foto: Javier Imedio
P: Hablando con otros periodistas de guerra, casi todos coinciden en que es muy difícil informar de manera objetiva cuando ves la muerte tan cerca y los sentimientos afloran. ¿Qué opina?

R: Yo no creo que sea un problema que afloren los sentimientos. Al revés, es algo muy humano, los periodistas somos humanos. Somos mujeres, somos madres, o seremos madres en mi caso. Es normal que afloren los sentimientos, si no es así, creo que es un problema, y que ese periodista no va a lograr informar sobre por qué hay niños que están muriendo por falta de medicación. O sobre por qué hay mujeres con cáncer de mama, muy extendido en Gaza, que están muriendo porque no entran los tratamientos por el bloqueo israelí. Las mujeres tienen que salir a Egipto, y muchas veces el paso de Rafah está cerrado. Y, por supuesto, Israel no permite a todo el mundo que tiene cáncer salir a tratarse a los hospitales de Jerusalén o Cisjordania. Por lo tanto esto es un drama, y hay que mostrarlo tal como es. Gaza, la causa palestina, es sentimiento. Y si no hay sentimiento, no puedes expresar que hay una injusticia total en esta causa política.

P: Son varios los periodistas como Yolanda Álvarez, ex corresponsal de TVE, o Javier Martín, de EFE, que han sido relevados de sus funciones en el terreno como consecuencia de las presiones de Israel. ¿Existe también un intento de bloqueo de cara a los medios que trabajan en Palestina?

R: Yo principalmente trabajo para una televisión que nada tiene que ver con Occidente, por lo que no tenemos ese tipo de presión tan directa. Lo que si me pasó durante la operación “Margen Protector” del año pasado cuando comencé a colaborar con el diario El Mundo, es que me llamaron diciéndome que habían recibido una carta del embajador de Israel, en la que decía que su corresponsal -ellos no sabían que yo no era corresponsal, sino colaboradora freelance-, tenía que salir de la Franja  de Gaza porque aquello se iba a convertir en una guerra muy peligrosa. Es una presión psicológica que hacen a los periodistas. Imagínate, tú llegas como periodista a un conflicto, y si es la primera vez que te avisan de que te tienes que salir ya, cunde el miedo. Yo sé de gente que sí que se fue. Yo me quedé, tengo allí mi familia palestina, tengo una labor periodística y humana. Pero sí que hay presiones.

P: Como periodista, ¿cuál cree que es el “secreto” para que el conflicto palestino termine de una vez por todas?


R: No hay secreto. Hay que dejar de apoyar a la entidad sionista de Israel. Hay que ser consecuentes con nuestros actos. Nuestros gobiernos deberían ir del lado de la justicia, de la igualdad, y terminar con esa ocupación que es ilegal ante las leyes internacionales. Pero esto es muy relativo. Nuestros gobiernos, otras entidades, los organismos internacionales, aprovechan la inestabilidad de Oriente Medio para seguir apoyando a Israel, pensando que eso va a contener un estallido. Pero yo estoy segura de que si se levanta el bloqueo, si termina la ocupación, si los palestinos tienen libertad de movimiento para trabajar donde ellos quieran, y conseguir vivir como un ser humano, la violencia terminará. Esto no es fácil, y no es ningún secreto. Hay que ser realistas. Hace falta una propuesta política. Yo soy de la opinión de que hace falta un estado democrático para todos, y que si se crea un estado de Palestina, habrá más problemas. 


martes, 2 de diciembre de 2014

Ayoub El Hilali: “El error es que mezclamos el trabajo con la fe”

Ayoub El Hilali tiene tan sólo 25 años, pero ya es una de las caras más conocidas del panorama mediático en España. Hakim, el policía musulmán que acaba siendo un terrorista sin escrúpulos, y al que ha dado vida durante la primera temporada de la exitosa serie ‘El Príncipe’, en Telecinco, ha hecho de este catalán de origen marroquí uno de los embajadores de las nuevas generaciones de musulmanes españoles. Atalayar se entrevista con él para saber, entre otras cosas, qué opina de las críticas que ha recibido la serie por unir conceptos como Ceuta,  terrorismo e islam. Algo sobre lo que, asegura, nada tiene que ver con su Marruecos natal, donde “yo he visto series árabes que hablan de terrorismo y no pasa nada”. Mientras charlamos en una terraza del centro de Madrid, las miradas de los viandantes, e incluso una petición de un admirador para hacerse una foto con él, nos interrumpen de vez en cuando.


Ayoub El Hilali ha dado vida al personaje de Hakim
en "El Príncipe"
Pregunta: Acabáis de recibir un Premio Ondas a la mejor serie española. Sin embargo, hay muchas voces críticas que tachan a “El Príncipe” de alimentar los clichés contra el islam y los musulmanes. ¿Qué opina? 
Respuesta: “Lo respeto totalmente, pero yo hago mi trabajo. Para empezar es ficción, y con ojo crítico, -otra cosa es que la gente no quiera ver la realidad- creo que hay muchas cosas de la vida real que están reflejadas ahí y que, desde mi punto de vista, he visto que se asemejan a esa ficción”.
P: ¿Le llegan críticas personales por haber interpretado el papel de un policía musulmán y terrorista? 
R: “Sí, claro que me llegan, normalmente a través de las redes sociales. Yo respeto a todo el mundo, siempre que no me lo falten a mí, y de las críticas constructivas intento absorber todo lo positivo que me puedan aportar. Pero también me han llegado felicitaciones de compañeros, incluso de gente de Marruecos, de actores, de directores reconocidos a nivel internacional, que entienden lo que es interpretar, y que saben la responsabilidad que es estar en una serie en ‘prime time’ en España”.

P: Por lo que dice, ¿la gente es más abierta en Marruecos que en España?
R: “En Marruecos mi madre pone los canales de la antena parabólica, y yo estoy cansado de ver series con ella en las que el hermano es traficante, la madre fuma cachimba en casa... y la gente las ve con naturalidad, se mueren de ganas de que llegue la hora para ver su serie favorita, y no pasa nada. Lo que ocurre es que al ser un país occidental el que refleja eso, la connotación es que ‘los occidentales están hablando de nosotros’. Yo he visto series árabes que hablan de terrorismo, de chicas que han tenido que salir de sus casas y se han prostituido, de chicos que venden droga… y es lo más normal del mundo. Y son series que funcionan muy bien, no sólo en sus países, sino en todo el Magreb”.

P: Sus rasgos árabes, ¿supone estar encasillado en determinados papeles, como el de Hakim?
R: “Lamentablemente, sí. Soy consciente de que me toca cambiarlo porque soy la primera generación, tengo que aceptarlo y hacerlo muy bien para demostrar que sí, que puedo hacer de terrorista, pero que también tengo unas dotes interpretativas, y lo digo con toda la humildad del mundo, compatibles con el mercado, y que soy capaz de asumir un proyecto gordo como es ‘El Príncipe’”.

P: ¿Presiona, entonces, saber que es una cara visible de esa nueva generación de musulmanes españoles que lucha por estar presente en la sociedad de este país?
R: “Es una responsabilidad, pero no he sentido presión en ningún caso. Tengo muchos amigos, de muchos ámbitos artísticos, que están a favor y en contra de lo que yo hago, de mi trabajo como actor. Pero a pesar de que no les haya gustado algo, porque tienen sus ideales, independientemente de nuestras diferencias socio-artísticas -vamos a inventarnos este concepto-, lo que nos une es trabajar juntos y unidos para demostrar que nosotros también valemos -y otra vez estamos demostrando-, y que podemos hacer hueco a los que vengan”.

P: ¿Qué consejo daría a un joven musulmán que, como usted, tiene un sueño, pero que por ‘el qué dirán’ no se atreve a dar el paso?
R: “Tú cuando practicas el islam, lo practicas para ti, no lo practicas para demostrarle nada a nadie. Tú no vas a rezar para que tu padre te vea cómo rezas. Tu religión, independiente de la que sea, es para uno mismo, para tu corazón, y queda entre tú y tu Dios. Tu religión la llevas dentro y a tu manera, pero siempre respetando. Yo no soy el más indicado para hablar de estas cosas, pero lo poco que sé, me lo aplico. Sólo tengo que dar explicaciones a mi Dios”.

P. En este sentido, si le ofrecieran un papel con el que no estuviera seguro de cumplir con sus valores éticos, con su moral, ¿lo dejaría?
R: “Me ha pasado. El productor quería que lo hiciera yo, se ha negociado y se han quitado cosas. A mí me puede llegar un guión, y lo primero, es que eso es un personaje. Entonces, ¿qué voy a juzgar? ¿A ese personaje, que se llama Juan, -porque yo me llamo Ayoub- que es narcotraficante? O si tengo una secuencia de sexo con una chica. Pues hombre, puedo intentar negociar con el productor, a ver si podemos dejar la secuencia en un besito. Pero si no, pues tengo que trabajar. Es que ese es el error, que mezclamos el trabajo con la fe”.

P: ¿Cómo es ponerse en la piel de un policía que, además, es un terrorista? 
R: “Pues jodido, aunque la verdad es que ya he hecho de terrorista varias veces, así que sé montar y desmontar un arma o una bomba. Para hacer de policía sí he tenido formación con policías, pero para hacer de terrorista, por suerte, no he tenido que formarme con uno [risas]”. 
P: Ese papel ya lo tiene más que controlado, pero, ¿qué se siente cuándo se ven actuaciones violentas en nombre del islam? 
R: “Todas esas actuaciones las condeno, porque no están en mi criterio, ni en mis valores, ni en mis principios. No me siento nada identificado. Y es más, me duele, porque mancha la imagen del musulmán de a pie, el que se levanta por la mañana y sale a trabajar por sus hijos, por su familia”.

P: En el caso de su personaje de ‘El Príncipe’, se mueve entre dos aguas, entre el mundo de los cristianos y el de los musulmanes. ¿Es algo a lo que también se tiene que enfrentar en su vida real?
R: “Sí. En mi casa, a nivel cultural, es un ambiente, y cuando paso el portal es otro. Hablo en árabe con mis padres, y luego voy a clase y hablo y pienso en castellano. Y cuando voy a Marruecos, soy el español. Y en España soy el marroquí. Es como cuándo te preguntan, ‘¿Y tú de dónde eres?’, y respondes: ‘Soy de Barcelona, soy catalán’. Y, entonces, te dicen: ‘Es que esa cara…’. Pues lo entiendo, porque tengo rasgos, y con mucho orgullo”.

Entrevista publicada en Atalayar, entre dos orillas

viernes, 10 de octubre de 2014

“En un mundo global como en el que vivimos ahora, acabar con el ébola es responsabilidad de todos”

El primer caso de contagio de ébola en Europa producido en España, ha abierto en los últimos días los informativos de medio mundo, en un alarde de alarmismo y de terror que poco o nada ha tenido que ver con la cobertura informativa sobre los 7.200 infectados que hay en África Occidental, o sobre las más de 3.330 personas que han muerto a causa de la enfermedad. Ante un mundo que estos días tiene puestos los ojos en la Europa rica y desarrollada, Atalayar ha querido mirar a la región occidental de un continente, África, que pese a tener un sistema sanitario colapsado y una situación económica precaria, lucha por acabar con un brote de ébola que cruza fronteras, y que ya ha dejado miles de “huérfanos del ébola”: niños a los que el virus ha arrebatado a sus padres, y que son repudiados por una sociedad que teme ser contagiada. Hablamos con Blanca Carazo, responsable de proyectos de cooperación de UNICEF Comité Español. 
 
Blanca Carazo, responsable de proyectos de
cooperación de UNICEF Comité Español / Foto: UNICEF. 
Pregunta: ¿Rechazan las familias a los niños por miedo al contagio? 
Respuesta: “Sí. Ahora mismo tenemos contabilizados 3.700 niños que han quedado huérfanos por el ébola y que, además, están sufriendo cierto estigma y rechazo por sus familias o, incluso, por sus comunidades, porque al haber estado en contacto con personas que han muerto de ébola, se teme que ellos puedan contagiar la enfermedad”. 
 
P: ¿Cómo se actúa ante una situación así?  
R: “En Sierra Leona, uno de los tres países de África Occidental más afectados junto con Liberia y Guinea, ha comenzado una iniciativa en la que las personas que han sobrevivido al ébola, están siendo formadas para acompañar a los niños que están en centros de aislamiento. Y es que, si estos niños han estado en contacto con la enfermedad, se les aísla por un periodo de 21 días en unos lugares donde no pueden tener contacto con nadie, ni siquiera un abrazo, y donde las únicas visitas son las del equipo médico cubierto de pies a cabeza. Esto para un niño es una experiencia muy traumática. Después, normalmente estos pequeños son dirigidos a instituciones o a familias de acogida. Una vez que se les hace el test del ébola y sale negativo, hay que hacer entender a sus familias que no son un riesgo y que necesitan todo el cariño y toda la protección posible”. 
 
P: ¿Es posible dar esa protección con un sistema de salud colapsado? 
R: “Hace poco nos llegó la historia de una mamá que estaba a punto de dar a luz, y en ningún centro de salud la pudieron atender. Su bebé murió, se trataba de un parto complicado. Y también escuché, hace poco, una frase que decía que “está muriendo gente de ébola sin tener ébola”. Ahora estamos viendo que hay riesgo real de que aumente la mortalidad infantil y materna. Y es que hay niños que no están recibiendo atención para enfermedades que son la principal causa de mortalidad infantil en estos países. Un niño enfermo de malaria no recibe la medicación necesaria porque, a causa del ébola, los médicos no dan abasto. Incluso, en otros casos, las familias tienen miedo de llevar al centro de salud a su hijo porque piensan que allí se va a contagiar del ébola”. 
 
P: Ante el brote del virus en Europa, ¿cree que la lucha por su erradicación ha dejado, de repente, de ser un tema sólo de África? 
R: “En un mundo global, como en el que vivimos ahora, acabar con el ébola, como con muchas otras enfermedades, es responsabilidad de todos. Prácticamente, todos los países del mundo han firmado la Convención sobre los Derechos del Niño, y eso supone que se han hecho responsables de proteger los derechos de los niños en todo el mundo. El ébola es una amenaza contra el derecho a la salud y al desarrollo, por lo que creo que sí, es una cuestión de todos. Y la prueba está, además, en que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado la situación del ébola en esta zona del mundo como una emergencia de nivel máximo a nivel global, y la Organización de Naciones Unidas (ONU), por primera vez, ha creado una misión para responder a una emergencia sanitaria”.  
 
P: ¿Está concienciada, entonces, la comunidad internacional de la grave situación que el ébola está causando en África Occidental? 
R: “Sí es verdad que a nivel de Europa o de Estados Unidos es una pena, pero el hecho de ver a una persona de tu país afectada, hace sentir todo esto como algo más grave o más real. Este brote de ébola es muy inusual porque, hasta ahora, los brotes que se habían dado estaban concentrados en un área geográfica restringida, y habían tenido un pico de mucha intensidad que, después, se había controlado. Por eso, en este brote la gran diferencia ha sido el momento en que se ha comenzado a traspasar fronteras, incluso dentro de África. En cierto modo, creo que ha sido un poco sorpresivo, y que ha habido una reacción algo tardía. Falta mucho por hacer”.  
 
P: Con todo esto, ¿se puede vivir en el corazón del brote del ébola? 
R: “Lo que está suponiendo esta enfermedad en Guinea, Liberia y Sierra Leona es un impacto muy fuerte en la vida diaria de las personas. El ébola infunde muchos miedos, y también muchos mitos, que hacen que uno crea que se puede contagiar en cualquier momento. Incluso este temor está modificando la relación de las personas. Por ejemplo, en África Occidental la gente suele saludarse con bastante contacto físico, con abrazos o apretones de manos, con besos… y ahora, a nivel formal, la gente evita ese apretón de manos y hace un choque de codos, con las mangas, para evitar el contacto”.  
 
P: ¿Tanto es el temor de la población? 
R: “El tema del miedo condiciona mucho. Hay niños que están dejando de ir a la escuela para evitar el contacto con otros niños. Y también pasa a nivel socioeconómico. El tema del cierre de las fronteras en estos países, que funcionan mucho con el comercio, está limitando la actividad económica y la generación de ingresos en una economía que es muy de subsistencia, de conseguir dinero para comer esa semana o ese día”.  
 
P: ¿Se niega la gente a creer que el ébola existe? 
R: “El ébola da miedo aquí y allí. Desde el principio, UNICEF se ha planteado que la lucha contra la enfermedad estaba en dos frentes: suministros de protección e información. Y sobre esto último, explicar en qué consiste el ébola para que las personas afectadas acudan a los centros de salud. En Sierra Leona, a finales de septiembre, el Gobierno decretó tres días en los que todas las familias tenían que estar en sus casas. Se movilizaron 30.000 personas que fueron casa por casa explicando todo lo relacionado con el ébola, y entregando jabón y cloro, porque lavarse las manos con asiduidad reduce mucho el contagio. Hay ciertas medidas que se pueden tomar, y esto es lo que las familias tienen que entender. Es la única manera de no tener ese miedo constante”. 
 
P: Además, UNICEF reparte kits de protección del hogar, ¿en qué consisten? 
R: “Básicamente llevan material de protección para las familias que cuiden de otra persona que pueda tener ébola. Estos kits llevan el jabón y cloro que comentábamos, y que son elementos muy sencillos, pero que ayudan mucho a prevenir el contagio, y también guantes, mascarillas y cubos para favorecer la higiene de la persona que pueda estar infectada”.  
 
P: En países con tantas carencias, ¿se pueden respetar los protocolos de actuación? 
R: “Hay protocolos que son importantísimos y que, además, son difíciles de implementar, porque de alguna manera chocan con la cultura de la población local. Por ejemplo, en Liberia y Sierra Leona la tradición es que cuando alguien de la familia muere, se le despide tocando a la persona. En el caso de alguien que haya fallecido por ébola eso puede ser muy peligroso. Por eso, hacer cumplir los protocolos es algo que requiere de firmeza y, a la vez, de sensibilidad, para saber transmitir este tipo de necesidad y que las familias lo sientan de la manera menos agresiva posible. No es fácil, pero es imprescindible”.  
 
P: Por último, ¿podemos lanzar un mensaje de optimismo? ¿El ébola, se puede controlar? 
R: “Eso espero. Sí es verdad que lo que todos los expertos afirman que, ahora, estamos en el momento de subida, por lo que los casos de personas infectadas por ébola seguirán aumentando. Esperemos que se pueda controlar, que haya un descenso y que se pueda erradicar. A veces parece que entramos en una actitud un poco derrotista, pero, dentro de que esto es algo grave y de que necesita una intervención urgente, hay que decir que mucha gente se está sobreponiendo a la enfermedad. En otros brotes de ébola la tasa de mortalidad estaba en torno a un 70 por ciento, y ahora estamos hablando de un 51-52 por ciento. Tenemos historias de niños que lo han conseguido, que han acabado con el ébola. Como Howayou, de 3 años, y su hermano Amaou, de 4 años. Sus padres murieron a causa del ébola en Sierra Leona, pero ellos posan en sus fotografías levantando el dedo y haciendo el signo de la victoria. Se puede hacer algo, pero tenemos que hacerlo ya”. 

miércoles, 30 de julio de 2014

Familias palestinas en España: “Gaza está muerta en vida"

La incertidumbre en los últimos días está siendo demasiado fuerte. Hadil Almajdalawi no se separa de su teléfono móvil, necesita saber en todo momento lo que está ocurriendo en la Franja de Gaza. Sus padres y sus dos hermanos están allí. “Sólo tienen luz dos o tres horas al día, lo justo para cargar los móviles y poder hablar unos minutos. Me preguntan dónde ha sido el último ataque o cuántos muertos hay. No saben lo que está ocurriendo a su alrededor, sin electricidad están incomunicados.”

Hadil Almajdalawi durante la entrevista en la 
sede de la APAEE. Foto: Javier Imedio
Hadil tiene 30 años y es de Palestina. Llegó a España como refugiada hace 5 años junto a su marido, también palestino. Tuvo aquí a su hija, que ahora dibuja en un papel ajena a lo que nosotras estamos hablando, aunque su madre me cuenta que le pregunta con frecuencia “¿por qué los malos molestan a los abuelos?”.

Cada dos años Hadil viaja a la Franja, aunque asegura que sólo preparar el viaje ya es sufrimiento asegurado. “Tienes que pedir permiso con muchos meses de antelación, y aún así la entrada puede no producirse. A veces das con alguien conocido que te ayuda y te da el permiso, y otras veces no”. Pero el verdadero peligro, afirma, comienza cuando estás dentro. “En el momento en el que cruzas la frontera ya no sabes cuándo saldrás. Porque si de repente estalla de nuevo un conflicto, cierran la Franja y te quedas dentro”.

Charlamos en el despacho en Madrid de la Asociación de Periodistas y Escritores Árabes de España (APAEE) que ha organizado el encuentro. Me sorprende la serenidad con la que habla de su dolor y del de los suyos, aunque sus intensos ojos negros digan todo lo contrario. “Yo he vivido situaciones horribles. En mi casa, dormíamos en la cocina porque era el sitio más seguro. Todas las noches abríamos las ventanas para que no nos cayeran los cristales encima si había bombardeos. Una noche, comenzamos a oír las voces de una vecina que había visto a un chico muerto que llevaba una camiseta como la de su hijo. Creía que era él. Nunca lo olvidaré”.

Una familia dividida en dos

Su familia vive en la costa y está dividida en dos. Es cuestión de supervivencia. “Mis padres viven en una casa con los hermanos de mi madre, y mis hermanos en otra con primos y otros familiares. Tienen que estar divididos, porque si bombardean y destrozan sus casas, necesitan tener otro lugar al que poder ir. Nunca imaginé que estaría hablando de algo así.”

Se me ocurre preguntarle sobre qué supone ser palestino en Israel, pero rápido me corta sin dejarme terminar la frase. “Israel, no. Para nosotros Israel no existe. Los palestinos llevamos sufriendo casi 70 años de ocupación. Mucha gente llora el holocausto nazi, pero esas mismas lágrimas se secan cuándo hay que hablar de los muertos palestinos. Eso es lo que da rabia”. 

Aysha Saleh en la sede de la APAEE en Madrid. 
Foto: Javier Imedio
Estoy tan metida en la conversación con Hadil que sólo me doy cuenta de que estamos acompañadas cuándo hablamos del número de muertos en las últimas horas, y una voz discreta me corrige: “no, ya hay muchos más”.

Aysha Saleh, un ama de casa, también se ha ofrecido a hablar con los periodistas. Es su manera de ayudar a que se sepa lo que está ocurriendo en Gaza. Sobre sus hombros, lleva un pañuelo en apoyo a su país. “Es un crimen, una masacre, un genocidio”. Acabamos de comenzar la entrevista, pero tenemos que parar unos segundos. Su voz entrecortada no aguanta más, y sus ojos se llenan de lágrimas. “Es una tragedia. Quieren matar a todos, da igual que sean niños o mujeres. Están matando a la gente lentamente. Gaza está muerta en vida”.

Aysha lleva 32 años en España. Vino con su marido, actualmente profesor en la Universidad Autónoma de Madrid, y aquí tuvo a sus cinco hijos. Es la única de su familia que consiguió salir de Gaza. La última vez que abrazó a los suyos fue en 2008, cuando pudo entrar en la Franja para visitar a su padre que estaba a punto de morir. Fue durante la operación “Plomo Fundido”, la ofensiva israelí de 2008 que duró 25 días y dejó a su paso más de 1.300 muertos. Su madre falleció al poco tiempo también. Ahora, Aysha se lamenta. “Mis padres murieron pensando que algún día iban a volver a sus casas, a las que les habían robado”.

A medida que la conversación avanza, el dolor da paso a la rabia. Aysha cuenta que su primo murió hace unos días en un bombardeo cuándo estaba en su casa. Afirma que el ejército israelí envía mensajes de texto a los palestinos minutos antes de atacarles para que salgan de sus hogares. “Ayer mi hermana recibió un mensaje en el que avisaban de que tenían que salir todos de la ciudad de Jan Yunis en tan sólo tres minutos. ¿Y a dónde van? Es que hasta en el camino les matan”. Con las manos entrelazadas sobre la mesa, Aysha no se explica cómo aún la gente sobrevive en el infierno que es Gaza. “No hay agua, ni luz, ni siquiera ganado. La familia de la mujer de mi hermano está con ellos porque han bombardeado su casa. Se están cobijando en una vivienda que tiene el techo de paja”.

 Una cárcel al aire libre

40 kilómetros de largo por 15 de ancho, y 1,7 millones de personas que viven entre los dominios de Egipto e Israel. Eso es la Franja de Gaza. Cualquiera con estos datos querría huir de allí, salir sin mirar atrás. Cualquiera menos ellos, los palestinos. “Yo no quiero traer aquí a mi familia. A mí lo que me gustaría es volver a Palestina con mi hija, a nuestro país. Ni Israel ni nadie puede sacarnos de allí”, asegura Hadil. Aysha es igual de tajante. “Ojalá pudiera entrar ahora con la guerra y pudiera vivir todo con ellos. No me importa no saber si saldré de allí. Lo que les pasa a ellos me pasa a mí”.

Les pregunto si en la Franja de Gaza se pueden hacer planes de futuro. Si los jóvenes pueden pensar en tener un trabajo o una familia. En definitiva, si sueñan con una vida. Y ambas lo tienen claro. “Los palestinos estudian mucho para conseguir becas que les permitan salir al extranjero a formarse. Y claro que pueden hacer planes, pero luego te enteras de que, por ejemplo, dos de los estudiantes que habían conseguido esa beca ahora están muertos” cuenta Hadil. “A los palestinos nos encanta vivir. Recuerdo que cuando no había luz durante horas, mi madre y yo llamábamos a unas amigas, y hacíamos una pequeña fiesta con la luz de las velas, para animarnos. Nos encanta la vida, pero no nos dan la oportunidad de vivirla”.

Me impacta el coraje de estas dos mujeres que sufren con cada palabra, pese a estar a más de 3.600 kilómetros de distancia. “No puedo ir a Ramallah, no puedo ir a Jerusalén. Y todo porque en mi pasaporte pone que he nacido en Rafah, que soy de Gaza. Por eso no puedo entrar” denuncia Aysha como si alguien fuera a darle una explicación. En el caso inverso, para salir, la cosa tampoco es fácil. “La gente ahora querrá salir y no puede. Está todo cerrado. Después de las fronteras, sólo les queda el mar, pero tampoco pueden salir nadando y, aunque quisieran, a los palestinos sólo les corresponden 10 kilómetros de extensión. No hay manera de huir”.

Ciudadanos de ningún país

El 70 por ciento de los más de millón y medio de palestinos que viven en Gaza son refugiados. Personas que nacieron en un país llamado Palestina, pero que, a efectos legales, no existe. Me llama la atención lo que me cuenta Hadil sobre ese sentimiento de pertenencia único de unos ciudadanos, que pese a convertirse en apátridas, en ciudadanos de ningún país, siempre serán de una nación llamada Palestina. “Tú siempre que hables con un palestino, te dirá: ‘soy de Londres, pero de origen palestino, o soy francés de origen palestino”.

Mientras el mundo condena las muertes en masa que se siguen produciendo a diario en la Franja de Gaza, en Madrid, Aysha sólo pide que no se cumpla ni un año más de exilio para los palestinos. “Lo que tienen que hacer es dejarnos volver a nuestras tierras. ¿Dónde están los organismos internacionales? ¿Por qué no lo juzgan? Nos merecemos una vida y dejar de sufrir”.



sábado, 16 de marzo de 2013

ENTREVISTA. Mayte Carrasco: “Aquí no tenemos prisiones, tenemos tumbas”


Son las cinco de la tarde, y hemos quedado con Mayte Carrasco en la Casa Árabe de Madrid con motivo de la conferencia "¿Hacia dónde va Siria? Dos años de conflicto a debate" en la que ella participa. De Siria, de Malí, de las revoluciones árabes, del periodismo y del miedo hemos hablado con esta reportera de guerra que no duda en contar las cosas como son, pese a que en momentos parezca que la realidad supera la ficción.




Me gustaría empezar con una frase que he cogido de tu página web, en la que cuentas en relación a tu viaje a Malí: “El ejército francés (…) nos embarcó en un avión para cubrir en Tombuctú el sábado pasado el baño de masas del presidente Hollande. (…) Supongo que París no quiere imágenes de ‘barbudos’ muertos dando la vuelta al mundo”. ¿Se intenta manipular a los periodistas que estáis en medio de un conflicto?

En el caso de la guerra de Malí ha sido clarísimo que había una voluntad de trasladar una imagen de una guerra sin muertos. De hecho, han impedido el acceso a la prensa internacional a las zonas de combate. Sólo hemos podido acceder y cruzar los check point infranqueables del ejército maliense atravesando la Sabana, o incluso a través del río Níger. El acceso libre eran sólo cuatro o cinco días después de los combates, cuando ya habían limpiado las calles de cadáveres, cuando apenas podíamos hablar con las familias. Para mí está muy claro que el ejército francés, con ayuda del maliense, ha impedido el acceso a la prensa extranjera para hacer de esta una guerra invisible, sin muertos.

Se dice que "la primera víctima de la guerra es la verdad". ¿Intentan los gobiernos sumidos en conflictos armados vender propaganda a los periodistas?

Depende de la guerra. Todas son distintas y en cada una hay un grado de censura y de propaganda. Por ejemplo, en las revueltas árabes había mucha propaganda, tanto de la parte de Gadafi como de la de los rebeldes. En Siria, cuando hablaba con los activistas del media center de Al-Qusayr, eran muy sinceros. Decían: “nosotros no somos periodistas, somos activistas y vamos a contar sólo nuestra parte”. Y eso es muy normal porque no son comunicadores. Yo cuando voy a un conflicto intento cubrir las dos partes siempre. Por ejemplo, en Libia pude estar un mes con un visado bajo el régimen de Gadafi, cuando aún estaba vivo. En Siria ha sido completamente imposible, porque una vez que has entrado de forma clandestina ya temes por tu vida. Y pedir un visado es algo muy peligroso, porque ya te conocen, además de que han hecho una lista negra con los periodistas que han entrado de forma clandestina. Algo que incluso envían al Consejo de Seguridad de la ONU para que tome medidas contra nosotros. La verdad que todo eso es una pena, y me gustaría poder hablar con las familias sirias y saber qué información les está llegando. Hay mucho desconocimiento por parte de uno y otro bando. Por eso me gusta contar las dos partes de la historia.
 
Como buena periodista…


Como debemos...


"Cuando preguntamos qué iban a hacer con un desertor nos dijeron: 'aquí no tenemos prisiones, tenemos tumbas'"


Has escrito un libro en el que narras lo que viviste en tus dos viajes a Siria. ¿De qué hablas en él exactamente?

“Estaré en el paraíso”, un e-book de venta por Internet, es una narración en la que explico, sobre todo, el último mes y medio que he pasado en Siria. Un viaje en el que entré al país clandestinamente en febrero de 2012, donde caían quinientas bombas al día en seis kilómetros cuadrados, donde tuvimos que entrar por las cloacas para poder acceder y por donde huyó mucha gente, pero también murió un centenar de personas al día. Después volví este verano y las cosas habían cambiado mucho. Yo en febrero ya vi que iba a haber un cambio, en el sentido de que había muy pocas katibas, brigadas entonces, y donde los yihadistas iban a empezar a venir. También estaba el tema del dinero de los radicales. Ya entonces se sentían muy abandonados y pensaban que si Al-Qaeda era el único que les ayudaba, ¿por qué no iban a aceptar esa ayuda? Y lo mismo de los Hermanos Musulmanes o de los salafistas, porque si tienen que disparar porque les están disparando, para ellos, es la defensa de los suyos.

En estos momentos hay dos niveles en Siria. Está el nivel de la gente que ha cogido las armas y que se están dejando la vida por la libertad, por librarse de un régimen dictatorial que les oprime desde hace décadas. Y luego está el segundo nivel, que es el de injerencia interna y externa. Interna es en el sentido de los radicales que pueden manipular para llevarse un crédito político en el futuro. Y externa, de radicales externos, que tratan de, a través del dinero, manipular al Ejército Libre Sirio y obtener otros beneficios en el futuro. En este punto están los países fronterizos que quieren también jugar sus cartas y mantener sus propios intereses como Irán e Israel.



Llegados a este punto, ¿siguen habiendo desertores que intentan salir del ejército de Al-Assad, o el miedo por sus familias y por sus propias vidas es más fuerte?

Hay mucha confusión. Cuando estuve allí, dos desertores que se habían unido al Ejército Libre Sirio me explicaban que no tenían ninguna información. De hecho estaban encerrados en sus cuarteles, no les habían dado ni vacaciones y no sabían que pasaba con sus familias. No tenían contacto con la realidad, porque sólo les dejaban ver el canal Addounia y escuchar la radio estatal. Por lo tanto, sólo les llega la propaganda. Muchos de ellos habían desertado porque habían escuchado en alguna ocasión una grabación que una gente de Al-Qusayr había decidido poner por las noches contando las hazañas del Ejército Libre Sirio, muchas veces, incluso algo exageradas. Pero ahora muchos de ellos tienen miedo a abandonar. Y eso también es porque ha habido muchos traidores que se han pasado al otro bando, al Ejército Libre Sirio, como desertores que han acabado siendo informadores shabija, y que han terminado ejecutados.

Yo he visto dos casos con mis propios ojos. A uno que le pillaron hablado por teléfono anunciando la posición de un comandante y que se llevaron a ejecutar delante de mí. Y a otro chico que nos había denunciado a los shabija porque era hijo de uno, que interrogaron varias horas en un cuarto de baño desnudo, y que, cuando preguntamos qué iban a hacer con él, nos dijeron: “aquí no tenemos prisiones, tenemos tumbas”. Y es que sabemos que el Ejército Libre Sirio no tiene muchas cárceles porque tiene que moverse constantemente, por lo que si pillan a algún desertor, y desconfían de él, lo ejecutan.

Después de todo esto, ¿cómo se prepara un reportero de guerra?


Es muy difícil prepararse para una guerra, sobre todo para la de Siria. Yo trato de tener la mente muy abierta y de pensar que todas las guerras son distintas. Por ejemplo, la de Siria es muy diferente a las otras revoluciones árabes que he vivido. Es Oriente Medio, es otra mentalidad, es otra cultura incluso, es otra historia, tienen una identidad nacional también distinta. Por eso yo para Siria me preparé intentando conocer el país, a las personas, hablando con los civieles y con los combatientes. Tratando de comprender qué está pasando por sus cabezas, por qué están luchando y cuál es su objetivo real.

Sobre lo que nos llega a nosotros en Occidente a través de los medios, ¿crees que hay una idea estereotipada del islam y de los musulmanes a través de estos conflictos?

Creo que los medios estamos contando muy mal, no sólo las revoluciones árabes, sino todo lo que viene del mundo árabe y del mundo musulmán. Para empezar hay mucha confusión sobre lo que es árabe y musulmán. Se habla de Afganistán como si fuera un país árabe, y para nada. Creo que metemos en el mismo saco a todos estos países porque ponemos esas noticias de treinta segundos en las que contamos siempre un atentado suicida, donde detrás hay un grupo terrorista que todo el mundo concluye que es Al-Qaeda. Donde hay imágenes sanguinolentas. Y la gente en treinta segundos no puede comprender la complejidad que hay detrás. Estamos dando sólo imágenes de choques en la Plaza Tahrir, de cuando hay sangre. Sólo interesan las noticias cuándo impactan, pero no cuando importan. Y lo que importa es el contexto, por qué se producen esas revueltas y cómo terminan. No contamos la reconciliación, que la hay. Y si eso no fuera así, transmitiríamos una cultural de la paz y no de la violencia.


"Parece que la información internacional sólo puede estar teñida da la cultura del 'boom' y del 'clic'"


 

Y, ¿por qué no se cuenta? 

Porque en estos momentos sólo interesa la sangre, lo que impacta. Parece que la información internacional sólo puede estar teñida da la cultura del “boom” y del “clic”. El “boom” es cuando te ponen un “ratatatata” [un tiroteo] en la televisión o un “clic” en un titular morboso. Como pasó, por ejemplo, en Elmundo.es cuando uno de los titulares más leídos fue “Le cortó los testículos, se los metió en la boca y le cosió los labios”, que se refería a la dictadura Argentina. Eso va a captar la atención del espectador, pero no vamos a estar informando. Estamos en un momento de mercantilización de la información, donde parece que lo que importa es la publicidad y todo lo sensacionalista.




Centrándonos en los medios, muchas veces leemos en la prensa “terrorismo musulmán”, “extremismo islámico”, ¿es correcto que estos conceptos siempre vayan juntos?

Esa es una consecuencia de la llegada de las nuevas tecnologías, las TIC. La llegada de Internet ha hecho mucho daño al periodismo, por la inmediatez y por la simplificación. Antes las noticias en televisión eran dos minutos, y ahora en un minuto o treinta segundos tienes que contar todo desde Trípoli. Y no se puede contar en medio minuto toda una revolución árabe, porque no te puedes meter a explicar que no sólo hay talibanes en la insurgencia afgana. Por lo tanto, al final acabamos diciendo "talibanes" como si todos los talibanes fueran la insurgencia.

El pasado martes 5 de marzo estuviste con el fotoperiodista Samuel Aranda en el coloquio “Friends of Talent”, y recuerdo que hablasteis de la necesidad de acotar el término “terrorista”


Se usa mucho la palabra “terrorista” o “dictador”, porque moralmente puedes pensar una cosa, pero de cara a la opinión pública, evidentemente, tú no puedes decidir quién es un terrorista. Hay muchas definiciones sobre terrorismo. De hecho, los grandes organismos internacionales no se ponen de acuerdo. Y luego está el terrorismo de Estado. ¿Lo practica Al-Assad contra los civiles? Una cosa preciso en "Estaré en el paraíso", y creo que es muy importante. Quien está masacrando a mujeres y niños en estos momentos es el régimen de Bashar Al-Assad. Y eso es una enorme diferencia entre un bando y otro. El Ejército Libre Sirio puede ejecutar a los traidores, matar a los soldados del enemigo, no tener prisiones. Pero quién está masacrando a gente inocente, con cercos, con tanques, porque lo he visto con mis propios ojos, es el régimen de Bashar Al-Assad.

Estas revoluciones árabes que tienen en lugar en países de mayoría musulmana, y sobre todo entre los jóvenes, ¿son movimientos sociales y políticos, o religiosos?

Yo creo que ellos son musulmanes creyentes, y la religión juega un papel más importante en sus vidas que en la nuestra. Además, en esos países la única oposición que ha existido durante mucho tiempo ha sido una oposición religiosa que les ha ayudado, y que ha sido un sustituto del Estado a la hora de paliar las necesidades que tenía la población. Que detrás haya un sentimiento religioso más profundo, yo creo que sí, pero no radical. No creo que exista un sentimiento radical entre la población más joven egipcia, o tunecina, o libia. Simplemente esos partidos políticos les pueden ofrecer cosas distintas a las que han visto en las últimas décadas. Y se puede confundir ese laicismo con una conducta violenta y más radical que la que ellos pueden ver en una religión que profesan de forma libre, a lo mejor sólo porque rezan cinco veces al día. ¿Y qué? Es como si yo el domingo decido ir a misa.
 
El otro día leí un titular que decía “Miles de magrebíes cruzan la frontera de Ceuta al grito de Allah hu akbar”. Entonces aquí la gente debe asustarse y pensar que vienen con machetes. Allah hu akbar es una frase que yo he escuchado a la gente rezar para cruzar una calle donde había francotiradores. No iban a luchar, simplemente era un rezo para encomendarse a Dios en ese momento tan difícil. Yo también he rezado, y hacía mucho que no lo hacía, cuando escuchaba las bombas a mí alrededor. ¿Y me van a decir por eso que soy una radical? Es un sentimiento humano si has creído alguna vez en algún Dios.



"Cuando estás todo el día en el hospital viendo muertos te das cuenta de que aquello es una ruleta rusa"

 
Dices que has rezado alguna vez y que hacía mucho tiempo que no lo hacías. ¿Has pasado miedo de verdad en algún momento?

He pasado el mismo miedo que pasa la población civil. Cuando entras en esas ciudades cercadas, como en Al-Qusayr, donde hay setenta tanques de Al-Assad, o te caen bombas en cualquier momento del día o de la noche, o estás todo el día en el hospital viendo muertos, te das cuenta de que aquello es una ruleta rusa. Imagínate la sensación que tienen los civiles que están allí dentro y que saben que es una lotería, que pueden morir en cualquier momento. Es una sensación de miedo que compartes con la población que se queda dentro. Porque, al fin y al cabo, los periodistas nos vamos. Y ahora mismo yo estoy aquí disfrutando de una vida magnífica en Occidente, y que no apreciamos. Pero ellos se quedan allí dentro tratando de sobrevivir y de trasladar al mundo a través de nuestras cámaras, con mucha impotencia, lo que están viviendo.  

¿Crees que los medios en Occidente presentan la situación de Siria de una manera, tal vez, un tanto hipócrita? ¿Se da más importancia a lo mal que está España, a los sobres de Bárcenas, y no tanto a las masacres que viven países como Siria?

Bueno, yo también he aprendido que es muy difícil  no entender un conflicto si nunca lo has vivido. Aquí desde luego tenemos muy poca memoria. Se nos ha olvidado que también tuvimos una guerra civil, que fuimos víctimas y verdugos. Hemos entrado demasiado rápido en una fase distinta que nos ha llevado a la pérdida de valores. Cuando voy a los países árabes echo de menos muchas de las cosas que nosotros hemos perdido. Por ejemplo, creer en la familia. Aquí estamos yendo hacia el individualismo, hacia el enriquecimiento material y no personal.

Recuerdo que en la plaza Tahrir, se había ido Mubarak esa noche, un hombre me preguntó: “¿de qué país eres?”, y yo dije: “soy de España”. Y entonces me abrazó, y me dijo: “qué bien, ya somos como vosotros”, y pensé: “espero que nunca seáis como nosotros”. Él se refería a la democracia, y unos meses después yo me encontraba en la Puerta del Sol con un cartel, en el 15-M, con una plataforma que creamos que era "Periodismo Real Ya", y me acordaba de aquel hombre, y esperaba que no obtuvieran una democracia para estar varios años después reclamando que sea una democracia real. Porque lo que está pasando en España es muy grave, y los medios de comunicación son ahora más necesarios que nunca para denunciar.

Comprendo que cada uno tiene sus preocupaciones. Pero, si se me permite una anécdota, ayer estaba viendo Pasa Palabra, y pregunta el presentador a una de las concursantes: “¿y tú, para qué quieres el dinero?”. Y decía ella: “yo me quiero ir a esquiar, pero no sé si me llegará”. Y le dice el presentador: “hombre, tienes 9.000 euros”. Y al siguiente concursante le pregunta: “¿y tú qué harías con el premio?”. Y dice: “yo me quiero comprar dos casas”. El señor ya tenía una, pero quería dos más. Entonces, tú comparas esto con lo que he visto en Malí, o la situación de los refugiados en Siria -que puede convertirse en el grupo de refugiados más importante del planeta, donde los niños no tienen nada con lo que sobrevivir-, y piensas en llevarte a estos dos señores a un campo de refugiados para que hablen con esos niños y vean que las prioridades de sus vidas están equivocadas.

domingo, 24 de febrero de 2013

ENTREVISTA. Kiko Pérez: "Hay que trabajar, trabajar y trabajar. El movimiento se demuestra andando”

Tres volúmenes de Como Borregos y una novela gráfica, Fish Food, ha hecho de Kiko Pérez uno de los autores de cómic más reclamados en el mundo de la ilustración y, cómo no, de las librerías. Grafista y animador de profesión, Pérez tiene muy claro que lo suyo también es dibujar y si puede, con ello, arrancarnos más de una sonrisa en unos momentos en que la profesión de los medios lo están pasando peor que nunca.

Kiko Pérez durante la entrevista
-¿Animador, dibujante, o las dos cosas?

Aunque parezca que a simple vista las dos facetas son muy diferentes, no lo son tanto, porque para ser animador tienes que dibujar. Entonces es bueno que, aunque hay animadores en 3D que no sepan, partas siempre de dibujos para crear los personajes, diseñar decorados, objetos, atrezo... En el fondo, cuando haces un trabajo así partes siempre de un dibujo inicial. De hecho, a la gente que le gusta la animación también le gusta el cómic. Son mundos que están muy relacionados, aunque como técnicas sean diferentes.

-¿Cómo nace Como Borregos?
 
Como Borregos surgió de una manera muy casual. Fue un día dibujando con mi sobrino pequeño. A él le gustaban muchos los coches, y como buen tío, pues bueno, te pones con él a dibujar. Pero llegó un momento en el que la cosa ya empezaba a cansar, y sin más comencé a incluir esos mismos coches en un paisaje. Por variar. Y, de repente, salieron arbustos y nubes con formas de oveja. Me gustaron, y pensé: mañana pruebo a hacer una tira con esto. Y así lo hice. Empecé a reflexionar sobre lo que me pasaba en el día a día, y tuve la suerte de que en Antena3, donde trabajaba en aquel momento, me pidieron hacer un blog ilustrado para su web. Entonces una cosa llevó la otra, y comencé a criticar temas sociales, a hacer viñetas del día a día… y de ahí salió la tira de Como Borregos

-Unas tiras cómicas con las que, doy fe, nos hemos sentido identificados todos en algún momento. ¿Tienen un punto autobiográfico?

Sí, pero no. Muchas veces, evidentemente, dibujo sobre las cosas que me rodean, incluso vivencias un poco personales. Pero, en otras ocasiones, son cosas que le pasan a gente cercana, como amigos, familia o compañeros de trabajo. Y entonces te das cuenta de que cualquier persona puede contarte una anécdota que, si tiene gancho, puedes dar la vuelta y sacar de ella una tira cómica. Sí es verdad que Como Borregos podría estar formado en un 70% con contenido autobiográfico y en un 30% con historias de gente muy cercana.  

-¿Crees que esa “retroalimentación” de la que hablas podría ser la solución de muchos para salir adelante en momento tan difíciles como los que se viven ahora?

Hombre, es una manera un tanto terapéutica de salir adelante. Cuando empiezas a plantearte las cosas que te rodean y a observar el mundo que tienes alrededor, te obligas a dar esa especie de vuelta de tuerca. Es una manera de ver lo que te rodea, criticarlo y buscar el punto positivo. Las cosas muchas veces se solucionan con un punto de risa, es absolutamente sanadora. Desde mi punto de vista, cualquier problema que tengas, con un poco de vis cómica, siempre es una manera de solucionar los problemas. 

-¿Por qué como borregos? ¿Somos así en realidad?

Bueno, como he comentado antes, todo salió un poco por casualidad, aunque la verdad es que me vino muy bien dibujar estos personajes para contar lo borregos que somos socialmente. De hecho, por eso, en principio no quise dar más importancia a unos o a otros personajes, porque todos funcionamos como masa. Me venía muy bien que todos los protagonistas de mis cómics fueran un rebaño de borregos, porque es una manera de reflejar a la masa que sigue las tendencias, las modas, y que no siente la necesidad de plantearse lo que le rodea.

-¿Kiko Pérez es más lobo o más borrego?

Yo creo que soy más lobo con disfraz de borrego (risas). Hay una tira que me gusta mucho del segundo volumen de Como Borregos donde aparece un borrego vestido de lobo, y un lobo vestido de borrego. Entonces se conocen y descubren que han nacido para estar juntos. Y es que a mí siempre me ha gustado mucho ese doble juego que tenemos todos, con parte de borrego y parte de lobo. Muchas veces conoces gente que es realmente un borrego pero que va disfrazado de lobo, o viceversa, y eso siempre me ha llamado mucho la atención. De hecho pienso que no tenemos porqué ser una cosa o la otra. Podemos ser  una mezcla de las dos. Pero si tengo que contestar a tu pregunta, tengo que decir que soy un poco más lobo.
 
-Pero no todo son lobos y borregos. También hay ovejas, y negras…

Evidentemente para hacer humor viene muy bien echar mano de determinados clichés de la sociedad. Siempre se ha hablado de las ovejas negras, de los juegos de palabras, entonces, evidentemente, es un “caramelito” muy jugoso para este tipo de humor en cómics. 

-Ahora estás en España, pero has vivido en otros países como Normandía o Berlín. Este es un momento en el que parece mucha gente se va fuera, ¿lo aconsejas?

Salir fuera te da mucho. Incluso si te sale mal. El hecho de plantearte con un poco de valentía el irte, por lo que sea, es muy bueno. Yo en su momento decidí dar un cambio a mi vida, me cogí mi maletita y me propuse cambiar. Aunque al cabo de dos años he vuelto otra vez a España, yo siempre miro aquella experiencia como algo muy enriquecedor. He aprendido muchísimo, no sólo a nivel de idiomas, sino a nivel humano y profesional.

De hecho, cuando estuve en Vancouver haciendo un máster en animación en la Vancouver Film School, realicé para el trabajo de fin de curso el cortometraje en 3D Estudio Mendizábal, que luego comencé a mover, y por suerte, ganó dos premios internacionales y fue nominado por el Guggenheim de Nueva York en octubre de 2010. La verdad es que es bastante impresionante ver tu cortometraje proyectado en la mismísima fachada del Guggenheim de Nueva York. Pero lo mejor no fue eso, sino saber que dos personas españolas estábamos nominadas a un premio como aquel. 

-Además de publicar Como Borregos, acabas de lanzar una novel gráfica ¿Cuándo decides pasar de una cosa a la otra?

Bueno, en realidad la novela de Fish Food empezó antes de Como Borregos. Llegué a hacer hasta casi la tercera parte de la novela gráfica pero tuve que parar el proyecto porque en ese momento en Antena3 me propusieron el tema del blog, y no tenía tiempo para dedicarme a las dos cosas. Aquello se quedó parado hasta que terminé el tercer volumen de los borregos, y fue en aquel momento cuando sentí que necesitaba retomar aquella historia otra vez, además de que, como autor, me sentía más seguro para empezar la novela con otra perspectiva. 

-Para muchos puedes ser un ejemplo de superación, ¿algún consejo?

En momentos de crisis, muchas veces lo mejor es sentarte, mirarte al espejo y decidir qué es lo que quieres hacer con tu vida. Y ahí saldrá lo que más te apasiona. A partir de ahí, hay que trabajar, trabajar y trabajar. Porque el movimiento se demuestra andando.

-Seguramente te lo haya preguntado mucha gente, pero ¿cómo hace Kiko Pérez para ponerse en la mente de una mujer en Fish Food?

Si te digo la verdad ha sido algo realmente difícil (risas). No, es broma. Nina, la protagonista, reacciona de determinadas maneras, y simplemente yo nunca reaccionaría así. Sí es verdad que hay que hacer un esfuerzo mental, meterme mucho en la piel del personaje y pensar como lo haría una mujer. Pero cuando tú tienes un personaje creado, dibujado, y le has dado una identidad, prácticamente reacciona solo. Aunque tengo que decir que, por suerte, estoy rodeado de mujeres fascinantes que me aportan muchas cosas.
 
-¿Has tenido alguna crítica, tal vez de esas mismas mujeres, por crear un personaje femenino un tanto 'tópico'”

No, porque además yo he intentado que Nina no sea la típica mujer plagada de tópicos. Incluso la editorial me decía que la debería haber dibujado más guapa, más femenina. Pero quería que este personaje estuviera lejos de cualquier estereotipo y fuera simplemente humana y natural. Así que no, por ahora no.  
-¿Cómo se crea una novela gráfica?

Tienes que plantearte una historia completa que desarrollas y que plasmas en un guión. Una vez que está más o menos cerrado, es cuando empiezas a poner las ideas en imágenes, como si fuera un storyboard de una película pero con las herramientas de un cómic. Y a partir de ahí a dibujar. En mi caso, además, incluso después lo coloreo y lo maqueto completamente, para mandarlo a la editorial. Yo mismo hago todo el proceso creativo. 

-Me consta que eres una persona muy dinámica. ¿Te han podido las prisas alguna vez?

Sí (risas). Y fue con Fish Food, porque como lo empecé en 2005, luego paré con los borregos, y lo volví a retomar, muchas de las viñetas, incluso páginas completas, fueron a la basura porque realmente como autor, y tal como iba la historia, en 2012 ya no pegaban. Entonces el trabajo ha sido doble al tener que integrar lo que tenía en un principio y lo que tenía después, para que tuviera una misma línea y funcionara la evolución de los años que ha vivido este trabajo. 

-No puedo terminar sin preguntarte si hay algún nuevo trabajo a la vista... 

Con los borregos voy a seguir porque tienen demanda, sobre todo en el plano web. Pero es algo que iré haciendo poco a poco, según lo vaya necesitando. Y, bueno, sólo puedo decir que mi próximo proyecto es una novela gráfica completamente diferente a Fish Food. Paso de una historia contada desde un punto de vista femenino con mucha acción emocional, a todo lo contrario. Una historia mucho más masculina, e incluso violenta, con mucha acción física. Todo un reto, la verdad. 
 

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